En el último tiempo el Autismo pareciera estar de moda, certificaciones, charlas, formaciones, asesorías, libros, blog y múltiples grupos en las redes sociales, todos y todas intentanto desesperadamente hacer un aporte a la vida de las familias y a la labor de los profesionales de apoyo, sin embargo, a pesar de las buenas voluntades, es habitual que olvidemos a los y las protagonistas de esta historia, la persona que presenta una condición evolutiva diversa dentro del Espectro del Autismo.

Nuestra preocupación es permanente, cómo podemos escuchar su voz, cómo podemos identificar sus gustos y sus necesidades, cómo podemos responder a sus requerimientos de apoyo sin adelantarnos a ellos ni perpetuarlos, cómo evitar la infantilización y la sobre protección, cómo erradicar y arrancar de la segregación, cómo promover su bienestar, su autodeterminación y su autorepresentatividad, he ahí los grandes desafíos cuando hablamos de luchar por su libertad, su calidad de vida y la concreción de sus derechos humanos.

Lamentablemente, por estos días seguimos siendo testigos de diversas fuentes de información que intentan convencermos de que el Autismo se «trata» con disciplina, con modificación de conducta, con risperidona o flores de bach, con dietas y suplementos alimenticios, con tiempo fuera, con contención física, modelos y técnicas varias, por supuesto “certificadas”, que van y se compran como quien se compra un par de zapatos o una cartera. Mientras, por acá seguimos insistiendo que por sobre toda estrategia o técnica la persona con autismo ha de ser apoyada en función de su identidad, la dignidad de su condición, su privacidad, su libertad y su bienestar, por lo que resulta urgente empezar a hablar más de respeto, buen trato, afecto, vínculo, confianza y seguridad y de cómo podemos generar una relación colaborativa y amorosa con cada una de las familias.

No podemos seguir pensando que somos los profesionales los expertos en el Espectro del Autismo, ni tampoco creer que por más oferta que haya de diplomas y de libros avanzamos en actitudes y prácticas inclusivas, muy a nuestro pesar éstas no se venden en cuotas. Hace tiempo que se hace necesario el reconocer y explicitar que el único experto en Autismo, sus manifestaciones e implicancias, es la propia persona que presenta la condición y su familia, mientras los profesionales hemos de asumir que nuestro rol es ser una real fuente de apoyo, de contención y de colaboración, transitando actitudinal y conceptualmente  desde un modelo experto a un modelo colaborador, desde el rol profesional al de buenos compañeros y compañeras, en el sentido más amplio de la palabra.

En fin, creo que de esto último se ha hablado tan poco. Les perece que mejor seamos expertos en respeto, actitudes inclusivas y la concreción de sus derechos? Me sumo.

#Altavida    #EducaciónRespetuosa    #LeydeAutismoparaChile

 

 

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